Comparto las razones que, en mi caso, hoy hacen que diga sí a un nuevo proyecto o nuevo cliente.
Y creo que son exactamente las mismas por las que digo sí a una relación (del tipo que sea), a una organización, a un puesto de trabajo o cualquier situación con la que me comprometo🎯
Cuando estos tres factores están presentes me quedo con pleno compromiso ✨💪 Cuando falta uno, 👀 puedo tratar de compensar aunque confieso que no suele salirme bien! Es como caminar a la pata coja, posible, pero agotador.
Si ya faltan dos suele ser un «no» desde el principio, aunque me haya justificado empezar el proyecto.
Si empiezan a faltar cuando el proyecto (relación, recorrido en el puesto de trabajo, etc.) ha empezado, suele ser cuestión de tiempo ⏳ ir organizando una salida «asertiva»
Y cuando, directamente, faltan las tres… hoy es un ¡no! claro aunque esté muy bien pagado 🚫
Rechazar lo que no funciona en mi caso, es una forma de invertir en aquellas situaciones donde sí funciono y puedo aportar valor real. Es claridad ✨
Un trabajo (relación, proyecto, etc.; pon tú la situación) a medio gas, hipervigilado, resentido no le sirve a nadie: ni al cliente, ni a la organización, ni a mí.
Cuando los tres factores están presentes… entonces sí, me quedo. Aunque haya alternativas en la puerta 🚪❌
Veamos cuáles son estos 3 factores que hacen que una persona se quiera quedar en un lugar:
✨ Tienen autonomía, y no hablo de horario, hablo de poder hacer su trabajo como lo saben hacer y resolver los problemas como lo saben hacer, de dejar trabajar.
💫 Están conectadas con un propósito, No solo «se hace«, se sabe «para qué se hace» y, además, encaja con los valores individuales, hay alineación y coherencia
⭐ Se reconocen de forma genuina sus competencias y el valor que aporta al equipo, más allá del cumplimiento de presupuestos u objetivos.
Es la forma de pasar de la cultura de la retención a la cultura de la pertenencia y empezar a cuestionarnos si estamos creando un lugar donde una persona con talento elegiría estar.
