Pausa consciente

Vivimos en lo que Byung-Chul Han ha denominado la sociedad del rendimiento. La acción se ha convertido en una simple reacción mecánica a estímulos externos. Hemos interiorizado la demanda de rendimiento infinito hasta convertirla en autoexplotación voluntaria.

Veamos en qué consiste una jornada típica de un profesional: dos, incluso, tres reuniones seguidas; mails en la bandeja de entrada, 40-50 mails/día, llamadas que se atienden en el momento o perdidas, que devolvemos, varias visitas que entran en el despacho … un ritmo que se va acelerando a lo largo del día. Productividad, indicadores, reportes: el líder acaba convertido en un acelerador de urgencias, un gestor de presión.

¿Esta aceleración casi exponencial es gratuita? No, claramente no. La capacidad de pensar se ve erosionada y se apaga la creatividad. Es un caldo de cultivo propio para que germine la depresión, la ansiedad y el burnout. Todos estos síntomas, lejos de ser una debilidad individual, son síntomas sistémicos de una cultura que ha confundido movimiento con progreso.

(Como apunte: suele ser así, la cultura organizativa es reflejo directamente del nivel de conciencia de quien lidera el equipo y la promueve; buen momento para observar lo que nos rodea).

Ya Hannah Arendt, desde la década de los 50, había introducido algo similar, desde otra óptica. Arendt distinguía entre tres actividades fundamentales:

🌿Labor: Orientada a la supervivencia biológica, pura necesidad

🌿Trabajo: Que aborda la creación de objetos duraderos; nos movemos y ejecutamos en un marco de libertad relativa y en base al proyecto de otro

🌿Acción: Actuación genuina donde emerge la esencia de la persona, revela quiénes somos mediante lo que hacemos en comunidad y nos conecta con lo auténtico

Arent sostenía que la modernidad había elevado el trabajo y la labor a valores supremos, relegando a un ultimísimo plano, la acción. Y es en la acción auténtica donde encontramos la capacidad de hacer algo verdaderamente nuevo y aportar nuestra singularidad.

Ambos autores convergen en sus postulados. Habitamos una civilización donde la supervivencia (labor) y la productividad (trabajo) han reemplazado a la creación genuina (acción). La reacción ha reemplazado a la acción auténtica.

Hannah Arendt nos ofrece una aportación crucial: la solución no es hacer menos. La solución es recuperar la capacidad de actuar genuinamente. Para Arendt, la acción genuina es la capacidad de empezar algo nuevo que solo tú, desde tu singularidad, puedes aportar. Eso es lo que está desapareciendo en nuestras organizaciones.

¿Significa esto dejar de hacer, hacer una pausa? Parece que no; o quizá sí, pero con un matiz crucial. Según Byung-Chul Han, hay dos tipos de pausas radicalmente distintas:

Inactividad pasiva. La que viene disfrazada de pausa pero es, en realidad parálisis, indecisión, negligencia. Es la ausencia sin transparencia, la ambigüedad que erosiona la confianza. Nos posicionamos en la mecánica de la supervivencia. Perpetuamos patrones, reaccionamos a lo externo moviéndonos en el eje estímulo-respuesta, necesidad-satisfacción. No es, por lo tanto, el espacio para la creación genuina.

Inactividad contemplativa que implica reflexión, sabiduría y pausa estratégica. Aquí surge la presencia, la capacidad de estar plenamente en el momento actual. Desde la presencia, la acción genuina emerge. Se trata de generar distancia entre el impulso y la reacción; de ir más allá del trabajo instrumental que sirve a un fin y nos aleja de lo más genuino.

Para que emerja la claridad, la creación, necesitamos posicionarnos en la acción genuina mediante la pausa contemplativa. No es comodidad. Requiere disciplina y coraje.

Bajémoslo a tierra, vamos con algunas situaciones en las que podemos posicionarnos en la acción genuina (pausa contemplativa):

🌱 Pausa en la decisión estratégica

Permitir espacios en la toma de decisiones con calado o en una crisis. Hagamos espacio consciente para integrar perspectivas, para considerar consecuencias que no sean evidentes. No se trata de sacrificar resultados por procesos, ni procesos por resultados, sino de sostener ambos.

Las decisiones estratégicas deben ralentizarse y convocar perspectivas diferentes (para Arendt esto es crucial, la acción genuina ocurre entre las personas, en el espacio de la pluralidad). Una decisión verdadera no responde al punto de vista exclusivo del líder, emerge del diálogo genuino con otros puntos de vista. Y esto requiere que el líder permita que el equipo hable y que escuche, sin defensas.

🌱 Pausa en la escucha

Muy distinto a permanecer en silencio para que el otro pueda hacerlo. Y mientras, preparar internamente la respuesta. La escucha contemplativa es muy distinta. Se trata de crear un espacio que reciba al otro, que lo vea; un espacio de encuentro que cimente la confianza.

🌱 Pausa en la comunicación

Más allá de un mero intercambio de información o de reforzar una posición, la comunicación genuina responde a un propósito intencional. El silencio estratégico confiere autoridad, por presencia.

El bienestar de las organizaciones y de cada persona en ellas pasa por una decisión: recuperar, en palabras de Hannah Arendt, la capacidad de actuar genuinamente en espacios de pluralidad y diálogo, de inactividad contemplativa.

Quizá sea uno de los actos revolucionarios más subestimados en el liderazgo actual; de lo contrario, nuestras organizaciones, y quienes las formamos, nos convertimos en máquinas de supervivencia. Productivas, sí, pero vacías de sentido.