¿Qué harías ante un cartel de aviso en una puerta que dice “no abrir”? ¿Cuál sería tu reacción si, además, el cartel avisara de que “no hay suelo”?
Las reacciones que puedas imaginar, y muchas más, son las que tendrá tu equipo ante una propuesta de cambio.
Hay quienes ven en un cartel de “no abrir” una invitación a justo lo contrario, a abrir la puerta y entrar. Y es que impera la curiosidad, también la rebeldía o la desconfianza, según el contexto. ¿Qué hay detrás para que me impidan abrir? ¿Qué esconden? ¿Qué ocurriría si lo hago? Y deciden probar.
Y al abrir, resulta que no hay suelo, y se caen. Porque no les han avisado, no se han parado a mirar, se han precipitado para ver lo que había detrás o lo que escondían.
Hay quien obedece y no abre, porque confía en la autoridad y conocimiento del que avisa con el cartel; o por miedo a lo que pueda pasar si abre la puerta, no tanto porque lo que haya detrás pueda hacerle daño sino por romper la prohibición. O porque no se cuestiona las normas y simplemente, asume la obediencia debida.
También hay quien se detiene ante la puerta y reflexiona antes de decidir si abre o no (y puede pasar la mañana pensando sin llegar a decidir, que también). Y quien ni ve el cartel y sigue a lo suyo (quizá hay sobrecarga de carteles o ha tenido experiencias previas que se han quedado en meros anuncios y avisos, o simplemente va caminando pensando en sus cosas).
También encontraremos a quienes abren la puerta y se detienen a mirar lo que hay, sin avanzar. Y si observan con detalle, se darán cuenta de que no hay suelo. Solemos mirar hacia adelante; resulta más complicado observar las estructuras sobre las que nos asentamos.
Y habrá quienes apenas abrirán la puerta para atisbar lo que hay y la cerrarán de inmediato.
Si además de “no abrir” encuentro información sobre el motivo para no hacerlo, que “no hay suelo”, las cosas cambian. Ahora hay un contexto que explica la razón por la que no debemos abrir.

Ahora bien, hay un detalle importante, el cartel tiene un autor. No perdamos de vista que el aviso no deja de ser su punto de vista o el motivo por el que ha escrito el cartel; aquello que le resulta coherente para proteger al curioso ante la ausencia de suelo. Luego lo retomaremos.
Y probablemente la indicación del motivo no frene la apertura de la puerta pero sí impondrá prudencia a quien lo haga. El cartel no frena la curiosidad, quizá la potencie. ¿Qué hay, realmente, al otro lado?
Habrá quienes, ante una primera intención de abrir, confían en el relato construido y convencidos, no abren. E incluso agradecen el aviso.
Quienes decidan abrir, por la razón que sea, podrán valorar por ellos mismos lo que hay al otro lado. Y pueden disponer los recursos para bajar, subir si es lo que queremos o avanzar de forma segura (al menos están avisados). El riesgo se atenúa.
El aviso de que no hay suelo genera una expectativa clara que predispone la acción del que haya leído el cartel y le permite prepararse para lo que dicen que hay al otro lado (en este caso, lo que no hay).
Hay otro ingrediente que antes apuntábamos y que el cartel no incorpora. Se trata de la autoría. Y con ella, la confianza y la autoridad de quien firma el aviso. Son factores que condicionan la respuesta ante esa puerta y su cartel. No es lo mismo un cartel sin firma que un aviso firmado por alguien que conocemos y nos ofrece confianza. La autoridad da credibilidad al relato.
También condiciona la respuesta el relato que construimos y que ese relato tenga sentido, tanto en la organización como para cada persona que la integra. El relato da contexto, explica, llena vacíos de información. Un relato coherente y claro aporta seguridad (aunque también puede limitar). Elegir un relato u otro sobre lo que vivimos tiene mucho que ver con cómo lo percibimos. Y, ya lo sabemos, la percepción condiciona la acción.
El análisis de lo que dispongo o de lo que falta también condiciona la respuesta. En nuestras manos está que ese análisis no sea un diagnóstico inamovible, que cierre puertas e impida construir un nuevo escenario. ¿Cómo podemos transformar los riesgos que percibimos en oportunidades de crecimiento y expansión? Para la organización, por supuesto, y también, una vez más, para cada persona que la integra. El análisis debe identificar todo aquello que nos va a permitir continuar creciendo y aportando en el nuevo escenario (formación, aliados, límites claros y otros tantos) con una sensación de apoyo y control tal que permita la acción.
Las organizaciones y sus procesos no son estancos, invitan a abrir y cerrar puertas de continuo. ¿Qué escribes en el cartel que colocas delante?
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