Martina y el pato…o cómo la percepción condiciona la acción

Martina es una morenaza de 5 años preciosa, con unos ojazos negros y una sonrisa que te dejan sin habla. Una niña con las ideas muy claras, que sabe lo que quiere y que no para hasta que lo consigue. Y hace unos días Martina me regaló una experiencia muy interesante.

Desde que nació su habitación ha estado decorada con un papel mural donde unos ratoncitos juegan y leen. La sorpresa es que Martina había añadido la letra O a la palabra PAT que está escrita en el libro que sostiene uno de los personajes que decoran la pared. La portada del libro en cuestión tiene un dibujo que bien puede ser un pájaro, un pato o cualquier otro espécimen con dos patas y algo similar a un pico.

La forma en que percibimos una situación condiciona nuestros sentimientos, pensamientos y, en último término, nuestras acciones. Sin ser consciente de todo el proceso y de las relaciones que entran en juego, no podemos modificar nuestra perspectiva de las situaciones

Antes de ver qué llevó a Martina a actuar como lo hizo necesitamos conocer que está aprendiendo a leer y que ha asociado una palabra al dibujo que lo representa. De tal manera que si la fotografía o el dibujo representa una mesa, al lado encuentra la palabra MESA, si la representación es de una silla, encontrará SILLA.

Hasta entonces, para ella la palabra PAT escrita en la pared de su habitación carecía de significado. Pero ahora, Martina ha desarrollado un nuevo conocimiento y unas nuevas creencias que le permiten resignificar su realidad, y a la vez, condicionan su percepción:

  • Por una parte, ha aprendido que imagen y palabra están asociadas (creencia); es decir, que si hay una imagen, la grafía que está al lado es su palabra escrita. Así que, si junto a una imagen que a sus ojos representa un pato, hay una palabra, esta será, necesariamente, PATO.
  • Con el nivel de conocimiento de lectura que está adquiriendo (y la creencia anterior de que palabra e imagen están asociadas) ha asignado un significado a esa grafía y concluye que PAT es la palabra PATO a la que le falta una letra, la O.

Y así podemos darnos cuenta, por una parte, de que la realidad cambia con el nivel de conocimiento que tenemos y, por otra, de que le asignamos el significado que es accesible para nosotros.

PAT ya no significa para Martina lo mismo que los cinco años previos en que ha visto ese mismo dibujo. Tampoco puede significar, por ejemplo el nombre de la ratita del dibujo, porque con el nivel de conocimiento actual que tiene, no existe un nombre femenino asociado a Pat, algo que para una niña norteamericana sí tendría significado.

Otro de los puntos que debemos tener en cuenta es que un cambio de significado en la realidad lleva a la acción. Y una vez que Martina percibe, según su nivel de conocimiento, que falta la letra O, la escribe.

Martina nos enseña la relación entre lo que percibimos, sentimos, pensamos y actuamos. Veamos cómo tiene lugar el proceso:

Apoyándose en la creencia de que lo que ve es un PATO y de que la palabra que acompaña describe el dibujo, ha interpretado su percepción con el nivel de conocimiento que tiene en el momento y se dice así misma algo así como que “el dibujo es un PATO y la palabra que acompaña debe ser PATO; está escrito PAT, luego falta la letra O”. Esta interpretación de la realidad que percibe, genera en ella una emoción de disconformidad con lo que ve y le impulsa a actuar según el pensamiento que se ha generado.

¿Por qué hacemos lo que hacemos?

La forma en que Martina ha completado la palabra nos ofrece una lección de proactividad y asertividad:

  • Martina no ha necesitado la autorización de sus padres, ni de otra figura de autoridad para dibujarse la realidad que necesita, tampoco la ha pedido. Martina ha decidido que puede hacer algo para crear lo que necesita o quiere, ha decidido hacerlo y lo ha hecho.
  • Martina no se ha conformado ante algo que no la satisfacía, ni ha pedido que estas figuras lo hicieran por ella ni se ha quejado porque el escenario que tenía ante ella no le gustaba: ha hecho lo que podía por ella misma, con autonomía y seguridad, en la medida que sus facultades se lo permitían. Ha entendido que tiene alternativas sin importar lo limitante que pueda ser la situación.
  • No ha intentado convencer ni demostrar a sus padres que su punto de vista es válido, no ha necesitado hacerlo; se ha sentido libre para no explicar su decisión. Ha afirmado su verdad demostrándose que puede influir en lo que le rodea, evitando sentirse indefensa e impotente.
  • Se ha alejado de la victimización y avanza con energía y confianza, de forma adulta. Martina ha entendido sus necesidades, las considera legítimas y se ha hecho cargo de ello. Cuando ha expresado su punto de vista dibujando la O, se ha validado a sí misma y ha manifestado su identidad.
  • Martina ha actuado conforme a ella misma, ha confiado en su intuición y ha actuado para sentirse bien consigo misma. Y aquí tenemos que tener en cuenta que nuestros valores nos identifican y cuando somos coherentes con ellos, dejamos que dominen nuestra vida y nuestra autoestima echa raíces. De esta forma, Martina ha fortalecido la confianza en ella misma y se permite sentir satisfacción con lo que es y con cómo es.
  • En la decisión y en la acción de Martina no hay miedo, culpa o resentimiento. Cuando actuamos por miedo a quedar mal, a lo que opinen los demás, por miedo al castigo o a la culpa o por resentimiento, nuestros valores quedan en un segundo plano: ya no lideran nuestra vida y en estas condiciones nuestra autoestima se resiente.