Lo que esconde tu nombre

Este post bien podía hacer referencia a la novela de Clara Sánchez o al relato de Ursula K. Le Guin, El poder de los nombres; vamos a utilizar el título de sus obras para hablar los nombres de los akan.

Los akan son un grupo étnico africano que viven en el sur de Ghana, al este de Costa de Marfil y en algunas zonas de Togo.

La elección del nombre de un niño akan es uno de los momentos más importantes de su vida. Los akan sostienen que el día en que nace una persona es el día que ha elegido su alma para entrar en el mundo y que es el alma del recién nacido el que elige su nombre a través del día de nacimiento. Hace unos meses una conocida ONG rodaba un anuncio publicitario contando la tradición.

Así que el primer nombre que recibe un recién nacido corresponde al día en que nace. Los akan creen que este día (lunes, martes, miércoles, o el día que el bebé haya nacido) tiene una gran influencia en su personalidad y determina el destino y el futuro del niño.

Esta circunstancia llevó, en 1954, a Gustav Jahoda, psicólogo y escritor austriaco, autor de Psicología de la superstición, a consultar el Registro Juvenil Penal de lo que, en su momento era el estado de Ashanti (que desde 1957 forma parte de Ghana) y del que formaban parte los ashanti, otra etnia de los akan.

Jahoda encontró una gran cantidad de delitos cometidos por jóvenes que habían nacido en miércoles y muy pocos nacidos en lunes.

Un niño ashanti nacido en lunes lleva el nombre de Kwadwo, que significa paz y se espera tranquilo, pacífico, humilde como lo es el dios de su día. Y un niño ashanti que haya nacido en viernes, recibe el nombre de Kwaku, guerrero, y transmitirá agresividad. La cultura ashanti le asigna un carácter impulsivo y generador de problemas.

Más que una asociación entre nombre y caracteres de la personalidad, estamos ante un ejemplo del teorema de Thomas que formuló en 1928 el sociólogo estadounidense William I. Thomson.

Y aquí viene lo interesante: de forma inconsciente, las etiquetas que asignamos a las personas que nos rodean tienen efecto en ellas. No sólo transmitimos con las palabras; los gestos, las miradas, los comentarios también juegan un papel fundamental.

“This is why utterance is magic. Words do have power. Names have power. Words are events, they do things, change things. They transform both speaker and hearer; they feed energy back and forth and amplify it. They feed understanding or emotion back and forth and amplify it” (Ursula K. Le Guin)

Lo paradójico de esta situación es que, probablemente, esas expectativas que depositamos en las personas que nos rodean pueden condicionar su comportamiento en el sentido contrario al que tememos.

Somos muy influenciables a lo que escuchamos sobre nuestras capacidades, a las palabras firmes que nos definen, absolutas no dejan lugar a la evolución, determinan nuestra historia. Y así, el concepto que una persona tiene de sí misma puede basarse en las expectativas y creencias que los demás depositan en ellos, más frecuentemente las de las figuras cuya autoridad reconoce.

Vemos_Las_cosas_como_somos

 

Es el peligro de lo que Chimamanda Ngozi Adichie ha denominado historia única, un relato que omite el resto de las historias que forman a una persona y que no permite el cambio.

¿Eres consciente del poder que tiene la historia que cuentas sobre tu equipo?

Chimamanda Adichie nos dice que hay una palabra del idioma igbo, que recuerdo cada vez que pienso sobre las estructuras de poder en el mundo y es “nkali“, es un sustantivo cuya traducción es “ser más grande que el otro”. Al igual que nuestros mundos económicos y políticos, las historias también se definen por el principio de nkali. Cómo se cuentan, quién las cuenta, cuándo se cuentan, cuántas historias son contadas en verdad, depende del poder”.

“El poder es la capacidad no sólo de contar la historia del otro, sino de hacer que esa sea la historia definitiva” (Chimamanda Ngozi Adichie)